Presentación del Libro: Estación de los Viejos de José Antonio Domínguez
Presentación del Libro: Estación de los Viejos de José Antonio Domínguez

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LOS IDUS DE ABRIL

(Fragmento)

David venía de arrojos y desencantos, de Nicaragua a El Salvador, de Ahuachapán, de Apaneca a Soyapango, de la Campanera venía, con la sonrisa quieta estampada en el DUI. Quizá bebió muchas caguamas para embriagar la espera, quizá la fatiga lo sometió al sueño, quizá los anhelos se le fueron volando, quizá la hipnosis del ir y venir de las máquinas que berrean abriéndose camino en la oscuridad, quitando éste, poniendo otro, «éste aquí éste allá, aquel se queda, éste se va». David está sentado arriba del vagón, depósito nume-rado y remachado a otros que van donde los lleven, contene-dores sin alma. En el final de la noche, David liberó una mi-rada que nadie vio. David se tambalea; unos apuestan que está borracho, otros, que está dormido, y hay quien dijo, «la Santa Muerte está a su lado».

El tren salió en sentido contrario al esperado, hacia la cementera y la Estación de Tonalá. David se fue con él, y a nadie importa que no regrese, porque cada quien busca su horizonte en la noche de todos. El tren vuelve con más haberes; loco como siempre, se pasea por el mismo camino hasta que llega la hora; entonces resopla, resopla y resopla, engancha el último vagón y sin prisa ni despedidas se arrastra rumbo a Oaxaca; migrantes retrasados o adormitados corren arañando el metal, cuelgan en racimos, siempre hay una mano que se extiende; es la madrugada del primer día de abril.

A la siete de la mañana, hora de la escuela y del mercado, un cuerpo partido por mitad -una tira de piel une torso y tórax-, fue encontrado cerca de El Basurero de Arriaga. Vaya alegorías las de la muerte. David, ¿alguien escuchó tu grito; pensaste que era la muerte esa oscuridad, ese dolor, ese desamparo entre colinas, basura y soledad?